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¿Ya ha pasado un año?
Los meses que siguen a la ruptura son un período de aceptación, encaje y adaptación a un tipo de vida diferente que con el paso del tiempo irá poniendo de relieve no sólo la certeza de las pérdidas sufridas, sino también las posibilidades que se abren al nuevo impar. El proceso requerirá más o menos tiempo, y será más o menos costoso, pero en todo caso vendrá marcado por una casi inevitable ambivalencia de sentimientos. La verdad es que uno es mucho más eficaz ante la vida y en general ante las dificultades si consigue desembarazarse de la tristeza, la rabia, la apatía y el pesimismo que nos restan recursos y esperanza. En este sentido, hay formas más saludables de enfrentar el cambio a la situación de impar: - Aceptar que la condición de nuevo impar conlleva este periodo de adaptación donde no será extraña la inseguridad, la incertidumbre y una serie de sentimientos ambivalentes hacia el reciente pasado y el inmediato futuro. - Adoptar una actitud positiva ante la vida, marcándose objetivos personales y poniendo en marcha la autodisciplina que permitirá en cada momento realizar lo que uno sabe que debe hacer, aunque no sea precisamente lo que más apetezca, sobre todo en momentos bajos. - Conocer -y reconocer- los propios puntos débiles y protegerse de antemano ante las posibles dificultades y ante las propias fluctuaciones del ánimo. No ceder a la pasividad. No consentirse a uno mismo el desánimo, el pensamiento negativo o la autocompasión. - Saber mantener el equilibrio entre la soledad y la compañía: ‘ni tan solo que me aburra ni tan acompañado que me aturda’. Es tan importante refugiarse en el propio mundo interior, para conocerse y procesar las experiencias pasadas y las vividas cada día, como mantenerse en contacto con los demás, aprendiendo nuevas formas de relacionarse y descubriendo nuevas posibilidades para ser feliz. Carmen Molina Ortíz de Zárate PSICÓLOGA - Colegiada M-12725 cmolina@correo.cop.es Tel. 91 402 60 98 - 607 530 813
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